No creo en lo que llaman 'amor a primera vista', a menos que se entienda como esa inconfundible intuición que te indica de antemano que se avecina un vínculo; esa súbita descarga que te obliga a entrecerrar los ojos, protegiéndote de algo inmenso que se te viene encima y por alguna razón está más ligado a tu futuro que a tu presente. Recuerdo con claridad que en el momento en que lo vi entrar, aún antes de saber su nombre, me hice con respecto a él la pregunta que a partir de entonces habría de hacerme tantas veces: ¿vino para salvarme, o para perderme?