sábado, 4 de julio de 2009

Cambios.

Increíble como en un año tantas cosas cambian, y tantas siguen igual. Hace un año, yo estaba enferma. Enferma en cama, enferma con fiebre subiéndome, enferma llorando, enferma sin él, enferma por él. Enferma por extrañarlo, enferma por no poder acompañarlo, enferma por no ser especial. ¿Y él? Él estaba triste. Triste, igual que ahora. Porque un año no le alcanzó para dejar atrás esta tristeza, que ya es parte de él. Yo, estoy distinta. Distinta mejor, distinta no-enferma, distinta sana, distinta feliz, distinta no-sola, distinta acompañada. Pero lo que no cambia, son las ganas de sanarlo. Las ganas de quitarle esa tristeza. Las ganas de conseguir que de una vez por todas sea feliz. Ya no como la chica que él necesita, así ya no. Hacerlo feliz como la amiga que quiero ser para él. Pero sigue siendo imposible, eso tampoco cambia. Su tristeza no cambia. Que yo no soy útil, tampoco cambia. Y las ganas de curarlo, eso no cambia nunca.