Leyó a mordiscos en un lapso clandestino
tragando aquel dolor que se le atragantaba.
Sintiendo claramente el riesgo, el desatino
de la pendiente aquella en la que se deslizaba.
Y en tres semanas que parecieron años
perdió las ganas de dormir y cinco kilos.
Y en flashbacks de celos aún siguen llegando
las frases que nunca debió haber leído.