martes, 5 de octubre de 2010
maldita postmodernidad
vivo por inercia. camino por el simple hecho de seguir una ruta ya marcada, establecida para mí. la costumbre es el flagelo que me va carcomiendo día a día, eliminando todo resto de vitalidad. la mediocridad del entorno, el vacío intelectual y espiritual que me rodea no hace más que acercarme cada vez más al andar cotidiano que detesto y rechazo desde lo más profundo de mi persona. y sigo en el mismo camino sin motivación, por el miedo a abandonar la estúpida rutina y que esto genere una tragedia, un desequilibrio. camino, como ya dije, por inercia: pasando entre la gente y el tiempo sin casi notarlo. sin ver las caras de las personas ni sentir el paso de los minutos. y todo lo que constituye mi esencia se rebela ante esta situación, este tiempo, esta época. pasar desapercibida apesta tanto; pero a la vez los íconos que sobresalen en la sociedad lo hacen por ser más de lo mismo: simples aportes a la descultura de masas. el desgaste cotidiano se incrementa con cada paso que doy y me acerca al sinsentido tan propio de mi ámbito-